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88 minutos y 50 chistes: La estructura oculta de las presentaciones de Apple

La revolución Apple comenzó en un escenario. Lo que logró Steve Jobs subido a ese escenario desnudo, con esos gráficos engañosamente simples a sus espaldas, el jersey de cuello vuelto y el discurso lleno de pausas y silogismos fue algo tan histórico como el iPhone. Hizo un referente. Todo lo que vino después fueron guiños a ese momento icónico. Y toda la estrategia de Apple se basa en esas presentaciones que se escriben, ensayan y reescriben como una obra Harold Pinter. Así, la charla prevista para esta tarde en Cupertino goza de tal expectación casi parece razonable dudar que la marca llegue a saciar expectativas.

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Será el final de un camino que se empezó a andar el nueve de enero de 2007, cuando Jobs presento el iPhone al mundo. Un camino de unas 27 presentaciones tildadas de importantes por la propia casa: son las que está en su página web. Un estudio detallado de estas charlas muestra hasta qué punto están medidas.  Casi todas tienen una duración similar, cerca de la hora y media, y apenas varían una de otra en cuestiones de ambientación y diseño: el escenario es minimalista, oscuro. Sus únicos protagonistas son ejecutivos y desarrolladores de la casa. También están los videos que explican los detalles de los productos, clips que, de puro icónico, son hasta parodiables (el más reciente este anuncio de IKEA).

Es en esta presentaciones donde más se nota la asuencia de Jobs, ese portento del escenario que no titueaba en aquelos 90 minutos. Su sustituto, Tim Cook, ha cambiado la puesta en escena para ahorrarse el agravio comparativo. En vez de ser el protagonista absoluto, asume el rol de maestro de ceremonias y va conjugando en sus discursos datos y novedades de la compañía con algunas bromas sobre la competencia. Cook también confía en el carisma de Schiller a la hora de hablar sobre hardware y asuntos más precisos, mientras que ha invitado a subirse al ring a Craig Federighi, jefe de ingeniería de software, cuando toca dar cuentas de las actualizaciones del sistema operativo.

A diferencia de Jobs, Cook apenas aguanta 20 minutos en el escenario. Muchos interpretan esa discreción como un gesto del actual director ejecutivo con los fans de la marca y de Jobs, y que la comunidad Apple es ahora más piña que nunca. De hecho, uno de sus mantras habituales es “solamente Apple”, una coletilla que sobresale en sus discursos escuetos y que recuerda al consumidor que pocas marcas han llegado tan lejos como la compañía de la manzana.

Otra de las grandes claves de las Keynotes es el humor que estilan sus protagonistas y la interacción con el público de estos eventos es básica. Las Apple Keynotes son escenario para anunciar nuevos productos, pero también espectáculos entretenidos y seductores. Jobs, cómo no, se atrevió incluso en una ocasión a llamar en directo a una cafetería con el fin de demostrar al publico cómo funcionaba la nueva función de búsqueda de comercios del iPhone y pidió cuatro mil cafés con leche para los asistentes. Todo era una broma, por supuesto

En este sentido, Cook no se amedrenta y pese a su habitual discreción, sabe ser inesperadamente divertido en el escenario. Aunque la baza cómica de la empresa a día de hoy es Federighi, todo humor y carisma en la WWDC del pasado junio y del que se esperan unos cuantos chistes en la presentación de esta tarde. Porque no sólo se trata de que el producto anunciado sea innovador, sino de el show también valga el peso de la marca. Porque para la comunidad Apple son importantes los dos nuevos iPhones que se espera que sean presentados, el iWatch o los nuevos sistemas de pagos que muchos auguran como las grandes novedades; pero también el espectáculo que los engalana como nadie.

Los números del éxito

T.C.A.

Duración: Una presentación de Apple dura 88 minutos; lo suficientemente corta para no hacerlas inmanejables pero tan largas como para hacerse las trascendentales.

El público: En la presentación más reciente de la compañía, el pasado dos de junio, los más de 5.000 asistentes se rieron hasta 50 veces. Interrumpieron la charla para aplaudir unas cien.

La estrella: Craig Federighi, el vicepresidente de desarrollo de software, logra una media de 32 carcajadas por hora (por comparar, Tim Cook y Phil Schiller, uno de los jefes de marketing, se quedan en 17). Cook le llamó Superman este año, cuando pasó con éxito, carisma y sonrisas 75 minutos en un escenario hablando de la empresa.

La noticia: El verdadero contenido de la presentación se hace esperar: generalmente no se enseña el nuevo iPhone hasta que han pasado unos 45 minutos. El 3GS se lleva la palma: no se presentó hasta 102 minutos después de haber empezado a hablar. El iPhone 5, sin embargo, se mostró a los 12.

Steve Jobs presenta el iPhone en 2007: https://www.youtube.com/watch?v=MnrJzXM7a6o#t=17

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/09/09/icon/1410255580_940230.html

“La publicidad en Internet debe tener incentivos”

No podía beber alcohol, pero sí batir un récord. En 2005, Matt Mullenweg sorprendió cuando, a sus 21 años consiguió financiación para crear WordPress, el sistema de blogs que más se usa en Internet. Brian Wong (Vancouver, 1991) lo superó. Con solo 19 años consiguió 200.000 dólares de inversión de True Ventures para financiar su idea. Zuckerberg fue rápido, pero no tanto, tenía 20 años cuando fundó Facebook. noticia

Wong habla despacio, mientras picotea las patatas y una hamburguesa de Super Duper, la cadena de moda en la ciudad, en su oficina a las siete de la tarde y explica en qué consiste Kiip, su invento. En un viaje en avión no encontró mejor pasatiempo que contemplar la frustración del resto de viajeros con la publicidad de sus tabletas. Observó que ocupaba una parte muy grande del espacio de visión, especialmente en los juegos, y se percibía como algo negativo. A la vez, pensó que lo que les animaba a seguir eran los logros de la dinámica del juego: más puntos, pasar una fase, superar una prueba. Antes de llegar al destino, Singapur, ya había pensado una nueva fórmula para que la publicidad se convirtiera en algo agradable.

“Los consumidores ya no quieren banners”, sentencia, “sino un reconocimiento real, una publicidad que la relacionen con un buen momento, con un incentivo”. Entre las marcas que ya usan su plataforma para proporcionar estas experiencias se encuentran Coca-Cola, Samsung, Microsoft, Disney, Amazon o Victoria’s Secret.

El usuario no tiene la percepción de estar usando Kiip, solo lo descubre cuando aparece uno de los premios, ya sea un objeto físico como una camiseta o unas gafas de sol, un código para hacerse con una aplicación gratis o una experiencia en el mundo real. Tampoco sabe en qué momento llegará el premio, no es algo previsible para evitar que se busque de manera mecánica, sino que forma parte del camino.

Wong insiste en que ellos no hacen anuncios. “Eso no va con nosotros”, suelta con desdén. “Cobrar por una publicidad estática no tiene sentido. Cuanto más aparece, más manía se le toma, peor es la percepción. En el móvil es así, pero no lo quieren ver”. Kiip cobra a los anunciantes por su capacidad de arrastre, de conseguir que los usuarios se mantengan en ella, no por aparecer de manera estática. Dicho de otro modo, quieren conversión, efectividad, pero no presencia visual sin estrategia.

Kiip, leído como keep (que traducido del inglés significa seguir, mantener) cuenta con oficinas en San Francisco, Nueva York y, más recientemente, en Bogotá. “Me encanta la ciudad y nos pone en una posición inmejorable para atacar los mercados de México, Brasil y Argentina, donde estamos creciendo a muy buen ritmo”, subraya. En total cuenta con 85 trabajadores.

Mientras que en Asia los usuarios reclaman tener premios con más frecuencia, son pocas las veces que luego asisten al cine con las entradas ganadas, por ejemplo. En América Latina es al contrario, son más selectivos, pero la tasa de canje es mucho mayor. En Europa, Reino Unido y Francia son los dos mercados que más le interesan. La última tendencia en su campo son las aplicaciones para ponerse en forma. Un campo que parece hecho a medida para su negocio: “Las marcas quieren relacionarse con un logro físico, que es algo positivo, una forma de superación”.

El joven empresario contempla con curiosidad cómo Android cada vez tiene una tasa mayor de usuarios en móviles y tabletas. “Antes se lanzaba primero en iOS (el sistema operativo de iPhone e iPad), ahora casi siempre salen las aplicaciones a la vez en las dos plataformas”, detalla. Cada año han doblado ingresos, aunque se niega a aportar una cifra concreta.

Como reto se plantea dos aspectos. Por un lado, seguir investigando con la clave de su negocio, dar con el momento concreto, ni antes ni después en que se debe dar el incentivo al usuario, e intentar que sea por leer noticias, un libro en la aplicación Kindle o, sobre todo, hacer ejercicio con aplicaciones. Por otro, evolucionar el sistema de autoservicio para marcas: crean una cuenta y que deciden directamente qué quieren hacer a través de Kiip.

Cuatro años después de su fundación, contra los pronósticos de gran parte de la industria, Wong sigue como consejero delegado de la empresa. “No es que tengan confianza en mí porque sí, es que ven resultados. Se dieron cuenta del potencial de la idea y me dejaron ponerla en marcha”.

Fuente: Elpaís.es

http://economia.elpais.com/economia/2014/07/25/actualidad/1406278921_949604.html

Compartir es un buen negocio

Los espacios compartidos de trabajo o ‘coworking’ son una tendencia en auge por ser una opción productiva, creativa y barata

España es el tercer país con más oficinas compartidas, solo superado por EE UU y Alemania

La filosofía del coworking o de los espacios compartidos de trabajo se ha convertido en el punto de partida para muchos profesionales en proceso de reciclaje y para emprendedores, que lo ven como una opción productiva y creativa, además de rentable y barata. Estas incubadoras de ideas, con gastos compartidos, son ese lugar de encuentro a mitad de camino entre trabajar en casa y la aventura de hacerlo en solitario en una oficina demasiado grande y demasiado cara para una inversión inicial. El alquiler, las facturas de luz, agua, teléfono e Internet y los servicios extras -talleres de formación, charlas sobre distintas disciplinas- se comparten al mismo nivel que se comparten las ideas, la experiencia profesional y los consejos.

Un usuario de una oficina compartida tiene un gasto mensual que oscila entre los 250 euros en centros ubicados en las grandes capitales, como Madrid y Barcelona, y los 70 euros que ofrecen algunos lugares en ciudades más pequeñas. Una diferencia grande con respecto a lo que costaría montar una oficina propia. Que los precios sean más competitivos y haya una mayor oferta es gracias a la proliferación delcoworking, un concepto que nació en Estados Unidos y que hoy es una tendencia en pleno auge en el mundo laboral también en España, convertido en el tercer país del mundo en número de espacios compartidos después de Estados Unidos y Alemania, según el último informe de Deskwanted.com.

 

Pablo Gavilán, Blanca Arregui y Vicent Rosso, en Impact Hub Madrid (De izquierda a derecha). / SAMUEL SÁNCHEZ

“Uno de los aspecto más positivos es el ahorro. Es un riesgo comprometerte con un alquiler de 800 euros por una oficina enorme cuando estás solo o tu equipo es pequeño. Así el desgaste financiero es menor”. Para Vicent Rosso, el fundador de Blablacar, “la disciplina y la interacción humana”, además de acudir al Impact Hub Madrid “3 o 4 días a la semana” fueron fundamentales para poner en marcha su proyecto: “Tener un objetivo y venir aquí te ayuda a que salga bien. Rodearte de gente que tiene otras ideas y que te critican positiva y negativamente tu proyecto te hace sentirte arropado”.

“Muchas veces se nos anima a emprender como si fuera algo divertido y sexy, y montar una empresa es algo bastante serio. Aconsejaría tener un colchón económico porque es difícil que tu proyecto dé un gran resultado en 3 o 6 meses. Hay ideas que igual no funcionan a corto plazo y sí a largo plazo, pero la vida te aprieta y dejas el proyecto porque no puedes mantenerlo”. Alberto González Ronda,director de Inca medio, se unió a la experiencia del coworking porque resultaba más económico expandir desde ahí su proyecto, ubicado inicialmente en Valladolid, que en “una oficina con cuatro paredes” en Madrid. Y acabó quedándose por motivos intangibles: “Encuentras a gente muy interesante, con mucha luz y muy optimista. Es un espacio bonito e inspirador y este entorno laboral me cambió la vida”. En la sala central del Impact Hub Madrid, ubicado en pleno barrio de las Letras, la luz del otoño incipiente se cuela desde el techo.

Por razones parecidas llegó Blanca Arregui, consultora en social media y management, hasta este mismo centro de trabajo, aunque por distinto camino: “Cuando decidí dar el salto y empecé a investigar cómo poner en marcha mi propio plan de negocio aún trabajaba por cuenta ajena. Al final, aquel plan de negocio no era viable, pero decidí seguir y reinventarme. Estudié un postgrado en redes sociales y aquí conseguí mis primeros clientes”. Los compañeros con los que compartía las mesas de trabajo e intercambiaba ideas se convirtieron en sus amigos: “La parte social del emprendedor es muy positiva y necesaria. Vengo aquí y soy feliz”.

Cadena de favores, sinergias y serendipia

En coworking no solo hay una recompensa y un ahorro económico, sino también de tiempo. “Es una realidad que en un lugar así puedes estar trabajando en tu proyecto en una hora”, explica Manuel Zea, fundador de Coworkingspain, el mayor directorio español de espacios de trabajo compartido. El autor del libro Living Coworking, que define estos lugares como “centros de negocios con alma”, entiende esta disciplina como “una filosofía y una nueva forma de trabajar” y la traduce en la expresión que ingenió él mismo, plug&play, que no es otra cosa que “trabajar en cualquier parte del mundo enchufado a Internet”, explica Zea.

Esa relación inmediatez/productividad de la que habla Manuel Zea la hace suya Sandra Cámara, coworker enSpiralStartups (Granada), periodista ycommunity manager: “Me di cuenta, desde que empecé a trabajar en un espacio compartido de trabajo, la facilidad con la que podías hacer contactos nuevos de distintas disciplinas, además de grandes compañeros”, asegura Cámara, que ha visto que “es imprescindible estar en movimiento para que se generen sinergias”.

Moverse y “estar ahí para que pasen las casualidades” es una de las razones por las que Pablo Gavilán, fundador de Entrelectores.com y uno de los primeros miembros del Impact Hub Madrid, cree fundamental la convivencia en este ecosistema laboral: “No puedes quedarte en casa y esperar que pasen las cosas; es como si quieres ligar: tienes que salir a la calle a encontrarte con alguien. Lo que ocurre es que vivimos en ciudades grandes donde se han visto reducidos los lugares públicos donde la gente se reúne. Hay que generar una plaza de encuentro y estos espacios cumplen esa función”.

 

Carlos Llerena y Gonzalo Navarro, de The Shed Coworking. / SAMUEL SÁNCHEZ

Lugares que también tienen que identificarse con la evolución, los cambios y la renovación que el mundo laboral está viviendo. Como el desmogue que viven cada año los ciervos, por primavera, al mudar su cornamenta. De esa idea nació el logo de The Shed Coworking (Calle Hermosilla, 48), diseñado por la arquitecta Elena González Torres, uno de los últimos espacios de trabajo compartido que ha abierto sus puertas en Madrid: “En las empresas heredas un entorno adquirido, aquí eliges con quien quieres hacer un proyecto y con quien quieres trabajar y es una forma super positiva de relacionarte”, reflexiona Carlos Llerena, cofundador de este espacio junto a Gonzalo Navarro, ingeniero informático y economista respectivamente.

La llamada serendipia (una idea que surge inesperadamente mientras se busca algo distinto) y la cadena de favores que se generan entre los distintos profesionales bajo el paraguas de un mismo ecosistema laboral son esas otras recompensas intangibles que van más allá del dinero y el tiempo. Antonio Juárez, y su hermano Javier, dueños de un recién estrenado espacio de coworking en Granada, han vivido como estas sinergias y esta “unión de contactos y cartera de clientes” se han convertido en una realidad.

Una filosofía de largo recorrido

“El crecimiento del coworking ha sido exponencial y muy alto: hemos pasado de no saber cómo denominar esta nueva filosofía de trabajo, allá por 2007, a estar en la actualidad dando clases sobre coworking con la colaboración del ayuntamiento de Barcelona”, explica Cristina Martínez-Sandoval, la fundadora de Gracia Work Center, uno de los primeros centros que abrió en España.

“Abrir una oficina ahora mismo supone unos costes difíciles de mantener. Algunos profesionales se han dado cuenta de que ésta es una vía sólida por la que seguir y dar continuidad a su proyecto ya que hay otros profesionales que te pueden ayudar desde estos espacios, mucho más que si te aíslas en tu propia oficina”, prosigue Martínez-Sandoval. Su primer contacto con el concepto fue en San Francisco, el mismo punto geográfico donde arranca el documental que prepara sobre el tema, titulado De San Francisco a Barcelona. Buscando el origen del coworking, y que se estrenará en las jornadas deCoworkingEurope el próximo noviembre.

De estos encuentros anuales e internacionales nació la Asociación de Espacios Coworking (AEC), que se encuentra en pleno proceso de creación de una junta de Gobierno y cuya misión es asentar las bases y diferenciar lo qué es coworking de lo qué no es: “En definitiva, Coworking no es otra cosa que adaptar el modo de trabajo a los nuevos cambios tecnológicos”, explica Gregorio Alonso, uno de los artífices de los estatutos de la organización.

Decálogo del buen ‘coworker’

1. “Ser alguien abierto que quiera conocer otros proyectos que también le puedan enriquecer y aportar algo nuevo” (Blanca Arregui)

2. “Hay que estar dispuesto a ofrecer ayuda o consejo sin esperar recibir nada a cambio” (Manuel Zea)

3. Ser proactivo y aportar ideas a otros miembros del coworking que lo sean menos” (Pablo Gavilán)

4. “Tener actitud de equipo y sentirte parte de él” (Sandra Cámara)

5. “No estar solo. Si se puede, asociarse con alguien, y si es número impar, mucho mejor, se agilizan las decisiones” (Alberto González Ronda)

6. “Tener una mente abierta a estar en continua evolución” (Cristina Martínez-Sandoval).

7. “Cooperar y ofrecerse a ayudar o colaborar con los otros, siempre con respeto” (Carlos Llerena).

8. “Cumplir la cadena de favores entre compañeros” (Gonzalo Navarro).

9. “Es trabajo entre iguales, luego estar dispuesto a compartirlo todo” (Gregorio Alonso).

10. “Respetar cada proyecto, que tiene su esencia y debe tener su reconocimiento” (Vicent Rosso).

 

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2013/09/30/actualidad/1380524901_584104.html